“No los voy a olvidar”: La emotiva despedida de los transportistas al héroe que los refugió

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DON-MARCELO

Don Marcelo se despide de los conductores.

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En medio de la crisis y los bloqueos que paralizaron el comercio internacional, Don Marcelo, conocido cariñosamente como “El Yungueñito”, se convirtió en el ángel guardián de decenas de conductores que permanecieron varados por 50 días en la frontera con el Perú.

La ruta hacia Desaguadero, que durante casi dos meses fue escenario de desolación, incertidumbre y frío extremo, se transformó el fin de semana pasado en el escenario de una despedida inolvidable.

Tras la reactivación de la transitabilidad internacional, decenas de transportistas finalmente pudieron encender sus motores, pero no partieron sin antes sellar un pacto de gratitud con Don Marcelo, el hombre que les abrió las puertas de su hogar cuando nadie más lo hizo.

Solidaridad en tiempos de crisis

Durante los 50 días que duró el bloqueo y el aislamiento en la frontera, los conductores se vieron obligados a vivir en sus cabinas, enfrentando el desabastecimiento y las inclemencias del clima invernal. En ese panorama, “El Yungueñito” decidió actuar sin pedir nada a cambio.

Su vivienda se convirtió en un refugio ininterrumpido donde los choferes hallaron agua, electricidad para comunicarse con sus familias y, fundamentalmente, la calidez de un hogar en medio de la crisis social.

“Han sido mi familia”

El momento de la despedida estuvo marcado por lágrimas y abrazos. Con la voz entrecortada, Don Marcelo expresó el vacío que le dejan sus nuevos amigos: “Me están dejando, yo los quiero mucho a todos, han sido mi familia. Tengo tíos, hermanos, todo completo. Cada vez que vengan lleguen a la casa y de aquí vamos a cocinarnos, no duden en venir, los voy a esperar. No los voy a olvidar”.

Por su parte, uno de los transportistas, al momento de partir, resumió el sentir de sus compañeros: “¿Dónde podíamos estar nosotros? Más bien tenemos que agradecer bastante a don Marcelo, porque nos facilitaron todo, la luz, el agua, muchas gracias Marcelo”.

Un pacto de gratitud

La historia no concluyó con la partida de los camiones. A las pocas horas, los transportistas regresaron a la vivienda, esta vez movidos puramente por la gratitud. En un gesto simbólico, entregaron a Don Marcelo víveres que formaban parte de la ayuda enviada por el Ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora.

Ante el reconocimiento, Don Marcelo se mostró visiblemente conmovido, reafirmando que su único motor fue la humanidad: “El gesto que hice con mis colegas no era para recibir algo a cambio”.

Lo que comenzó como una ayuda circunstancial en una carretera bloqueada, ha dejado una huella imborrable. Este vínculo nacido en la adversidad no es solo una anécdota, sino una historia de vida que demuestra que, incluso en las semanas más difíciles, la solidaridad logra sobreponerse a la crisis.

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